Se agotó la doctrina (Revista Dinero)

Se agotó la doctrina (Revista Dinero)

Como ejercicio académico de ensayo y error, puede suponerse que la adopción de las medidas de los organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) podían tener alguna lógica hace cuarenta años.

Pero, a pesar de la relativa estabilidad macroeconómica de algunos países latinoamericanos, el desempeño económico y el bienestar social actual dan cuenta de un balance francamente negativo. La región hoy es la más desigual del planeta y no cesa el desmonte de derechos. Por esta razón, las recientes propuestas de ‘paquetazos’ en Argentina, Ecuador y Chile han desatado la ira ciudadana. El FMI y la Ocde no ofrecen nada diferente, a pesar de que los hechos mostraron que no es posible desarrollar a una nación en medio de la austeridad y la renuncia del Estado a dirigir la economía.

Incluso ellos mismos lo saben. En 2014, la Ocde afirmó que “mayores ajustes salariales a la baja en los países más afectados [por la crisis de 2008] corren el riesgo de ser contraproducentes [porque] incrementan el riesgo de pobreza y deprime la demanda agregada”. Agregaron que la “significativa moderación salarial” no reforzó “la producción y crecimiento del empleo”. En 2017, después de nueve años de crisis, el FMI instó a Alemania a una “subida salarial robusta”, para impulsar al alza la inflación y así estabilizar la política monetaria. En 2018, el actual secretario de la Ocde, José Ángel Gurría, defendió el incremento del salario mínimo de España hasta € 900, porque “los niveles salariales generales eran muy bajos” y lo consideró necesario “para evitar que haya empleos de extrema precariedad”.

Estas declaraciones contrastan con las recomendaciones contenidas en el reciente informe del FMI y las que realizó la Ocde a Colombia la semana pasada, aplaudida por la rancia tecnocracia colombiana y -seguramente- por quienes votaron en el Congreso en favor del ingreso del país a esta institución. En resumen, la Ocde exige: i) más austeridad por medio de un déficit estructural de 1 % para 2022; ii) aumentar impuestos a las personas, subir el IVA y bajar impuestos a las empresas; iii) reducir los aranceles a las importaciones; iv) revisar el salario mínimo, incrementar la edad de jubilación y el número de años trabajados para pensionarse.

Siguiendo este camino, el gobierno de Duque y el ministro Alberto Carrasquilla, radicaron nuevamente la misma reforma tributaria que otorga regalos tributarios a los grandes capitales, sin ninguna evidencia de su beneficio. El economista Abhijit Banerjee, profesor de MIT y premio nobel, afirmó recientemente que “no se impulsa el crecimiento recortando impuestos”. De hecho, “dada la caída de la demanda, no es malo que el Gobierno sea expansivo”.

Pero, en contravía de la realidad, el ministro insiste en que recortando impuestos a las empresas y reduciendo el nivel de ingresos del Estado, se va a estimular la inversión e impulsar el crecimiento económico. En diciembre de 2018, el profesor de economía de Uniandes Daniel Wills afirmó que “no es claro por qué el sistema tributario debería favorecer a unos y no a otros”, en advertencia sobre la reforma que presentó el gobierno en ese momento y que fue tumbada por la Corte por violar la Ley 5ª. Wills agregó que frente a las exenciones creadas en ese proyecto “los funcionarios del ministerio tendrán que decidir cuáles proyectos pagan impuestos y cuáles no. Sobra decir que esa discrecionalidad abre la puerta para que las exenciones se den a cambio de favores o sobornos”. Hoy, el entonces académico es el subdirector de política macroeconómica del ministerio, bajo la jefatura de Carrasquilla. ¿Se atreverá a sostener su planteamiento?

Pensar que los lamentables resultados obtenidos son una equivocación académica es más que inocente. Las instituciones y los gobiernos tenían plena información sobre el impacto de sus decisiones y el hecho de no haberlas corregido tras el fracaso es comprobación de lo deliberado. Por eso la respuesta no es teórica sino práctica, en las calles, con protesta social.

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