Prohibido comer

Prohibido comer

Si Iván triunfa, comprar un kilo de carne será $ 2500 más caro. Un huevo costará $50 más y un kilo de arroz $403 más. Si Iván gana, será la victoria de quienes llevan décadas haciendo negocios particulares con los recursos públicos, aumentando la desigualdad, manejando las finanzas al vaivén de los precios del petróleo y bajo la práctica absurda de comprar en el extranjero millones de toneladas de comida al mismo tiempo que sobran millones de hectáreas de tierra en el país.

Pero Iván no va a ganar. La conciencia ha avanzado y ellos lo saben. Millones de personas apostaron por una propuesta diferente al establecimiento; meses después, millones y millones más se lanzaron a rechazar a los corruptos, en la manifestación más numerosa en la historia de la nación. Los estudiantes tampoco se dejan meter los dedos a la boca y saben que plata sí hay. Por eso la reforma se va a hundir; no hay otra alternativa.

El gobierno lo sabe y tiembla. El jefe de la camarilla, preocupado en perder el poder con el que está obsesionado, ha propuesto bajarle el tono al esperpento de reforma. No es cierto que todos ponen; nos han engañado: los banqueros no ponen, las mineras no ponen, los dueños de las grandes empresas no ponen y quienes se fugan a guaridas como Panamá tampoco ponen, ¿cierto, ministro?

Es mentira que las propuestas del régimen sean para beneficiar
 a quienes crean riqueza.
La mitad de las utilidades están en menos del 1 % de las empresas del país

Es mentira que las propuestas del régimen sean para beneficiar a quienes crean riqueza. La mitad de las utilidades están en menos del 1 % de las empresas del país. Solo los grandes pueden acceder a las exenciones y es a ellos a quienes se van a bajar los impuestos. A las pequeñas y medianas empresas se les engaña porque los supuestos beneficios no compensarán la falta de competitividad del país. Tampoco resuelve el hecho de que empobrecen a sus clientes, que van a gastar menos, restringiendo el mercado interno.

El problema no es que el Estado gaste, sino lo mal que lo hace. Si el gobierno gastara para estimular la creación de riqueza y distribuirla mejor, no habría problema en contribuir a su sostenimiento. Si la gente sintiera que lo que paga se va a retribuir en bienes y servicios públicos, lo haría con gusto. Pero nada de esto ocurre y por eso la gente se mamó.

La idea que esperan que apoyemos es que en los próximos 4 años se duplique lo que se paga en impuestos a los alimentos, pero los ingresos de los hogares no se duplican en este tiempo sino cada 33 años. Iván: no te vamos a apoyar.  No complaceremos tus improvisadas aventuras, muchísimo menos seguiremos tolerando que Don Luis Carlos se llene los bolsillos hasta romperlos, mientras los de los trabajadores no aguantan un remiendo más.

Tomado de: Las 2 Orillas

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