Improvisa y fracasarás

Improvisa y fracasarás

La improvisación es diferente a la falta de preparación del artista. Nuestro guitarrista/presidente debe saberlo bien.

Los artistas saben que la improvisación es una técnica difícil de dominar. Hacerlo requiere de una gran preparación y estudio. Parte del éxito consiste en que no puede haber sido ensayada previamente, todo debe ser natural. Sin embargo, la improvisación es diferente a la falta de preparación del artista. Nuestro guitarrista/presidente debe saberlo bien.

En este sentido, proponer tres reformas tributarias en menos de un mes, más que improvisación es irresponsabilidad con el manejo de las finanzas de la Nación. Es prueba de la incapacidad para establecer una política fiscal seria.

El tal déficit fiscal pasó de $25 billones a $14 billones y ahora a $8 billones. En la primera propuesta, el gobierno quería recaudar $19 billones, de los cuales $11 billones provenían de un aumento de los impuestos a los alimentos. La desfachatada idea animó la crítica de las centrales obreras, la bancada alternativa en el Congreso y otros sectores sociales y académicos que se unieron a las ya caldeadas protestas del movimiento estudiantil que exige más financiación a la educación pública. El ministro Alberto Carrasquilla, en su acostumbrado tono petulante, expresó que no tenía plan B.

Hace casi dos semanas, el gobierno tuvo que salir a reconocer que su propuesta de golpear con furia el maltrecho bolsillo de los hogares, no iba más. Una semana después, se inventaron -de la nada- una reforma tributaria completamente diferente, cuyo aspecto central era bajar la devolución de IVA que obtienen algunos productores, trasladándolos a los consumidores que representaría la mitad del recaudo esperado. El esperpento les duró -sin exagerar- 14 horas.

En el tercer intento, la apuesta está en poner impuestos a la comercialización de cerveza y gaseosas, que consumen el 65% de los hogares colombianos, no precisamente los más ricos. La base para la retención en la fuente también baja hasta $2‘850.000, que para quienes no declaran renta se convierte en el impuesto a cargo, el cual paga un número indeterminado de colombianos, porque la Dian no conoce ni quiere conocer esta información. El faltante de lo que se necesita correrá por cuenta del desmonte y reducción de programas sociales.

Toda una obra maestra de teatro, con la más pura técnica de improvisación, para cumplir la promesa de bajar impuestos, mantener exenciones tributarias y crear unas nuevas a 10.000 empresas, el 0,73% del total en el país, que concentran el 52% de las utilidades.

A Alberto Carrasquilla lo nombraron ministro para eso. Es su única tarea y en llevarla a cabo ha intentado dos veces, una en 2007 y en la actualidad, cargar con más impuestos a los hogares colombianos. Que fracase y renuncie lo más pronto posible está en manos de quienes consideramos que el manejo de la economía no puede seguir siendo una puesta en escena de un Estado ineficiente y corrupto.

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