Echeverry nos quiere tumbar con el fracking

Echeverry nos quiere tumbar con el fracking

A la calamidad ambiental que representa la más agresiva técnica de extracción de hidrocarburos, se suma la presunta estafa que Echeverry estaría configurando en contra de la nación.

El autor intelectual del término mermelada, Juan Carlos Echeverry, anda en la nueva jugada de que el país entre al fracking. Esta es la técnica de extracción de hidrocarburos más agresiva que existe, consistente en fracturar hidráulicamente la roca para extraer el crudo y gas, liberando material químico que contamina los acuíferos subterráneos.

A semejante calamidad ambiental que se le avecina al país, se suma la presunta estafa que Echeverry estaría configurando en contra de la nación. El fracking no es para Ecopetrol, ni para las finanzas de la nación, y mucho menos para “una mayor riqueza para trabajadores y empleados (…) que permitiría reducir los índices de necesidades básicas insatisfechas de la población”, como populistamente ha planteado Echeverry.

Desde 2012 la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) ha venido subastando los bloques de Yacimientos No Convencionales (YNC) a empresa extranjeras, con jugosos beneficios: incrementos en la fase de exploración y 30 años en el periodo de producción. Descuento de 40 % en el pago de las regalías, gracias al asalto que sobre la riqueza nacional se ha configurado con un concepto de la Dian en 2015, cuya demanda ya cumple 3 años en el Consejo de Estado sin que se tenga alguna razón.

 

Quienes están detrás del fracking son las multinacionales
Parex, Oxxy, Grantierra y Canacol,
entre otras

Miente Echeverry cuando afirma que el fracking es para el beneficio de Ecopetrol, para modernizar la refinería de Barrancabermeja o para financiar el posconflicto. Quienes están detrás del fracking son las multinacionales Parex, Oxxy, Grantierra y Canacol, entre otras. De los 5 bloques de YNC que se habían adjudicado a Ecopetrol en la ronda 2012[1], a la empresa solo le quedan 3 y está buscando renunciar a dos más, el CAT 3 y el VMM16 *. Una prueba adicional de que no es Ecopetrol quien está metido en el negocio del fracking la dio su vicepresidente hace poco más de un año: “no es cierto que la ANH haya otorgado bloques a la Empresa para la exploración con fracking. No hay ningún proyecto en estos momentos que Ecopetrol esté desarrollando bajo el método no convencional. No tenemos ningún proyecto bajo la modalidad del fracking, todos nuestros desarrollos son convencionales”[3], afirmó Juan Carlos Hurtado. Entonces, ¿a quién le hace el mandado Echeverry?

En casi un siglo de historia de petróleo convencional colombiano la política de concesiones, el desmembramiento de Ecopetrol y su paulatina privatización —hasta el punto de haberse inventado un banco en Suiza para extraerle riqueza—, ha impedido que el país aproveche este recurso natural para invertir en un desarrollo sostenible y sustentable. Hoy los mismos saqueadores acuden a la soberanía energética para buscar apoyo al fracking, un nuevo y más agresivo asalto al patrimonio nacional.

Ecopetrol desempeña un papel indispensable para el futuro de Colombia[4]. Pero, para que sea útil a la población, el Estado debe asumir de nuevo el control sobre sus recursos naturales. Asimismo, Ecopetrol debe recuperar su integración en todos los eslabones de la cadena, además de desempeñar un papel activo en la promoción de la diversificación productiva. Como tarea inicial, es necesario que haya una confluencia de sectores capaces de desnudar las pretensiones de Echeverry, para que no nos sigan tumbando.

Echeverry nos quiere tumbar con el fracking

* Mario Alejandro Valencia, vocero de la Red por la Justicia Tributaria, Director nacional de Cedetrabajo. Profesor CESA y U. Central. Autor libro La Industria (Aurora, 2016).

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