martes, febrero 20, 2018

(El Tiempo) En 2017 aumentó el abismo entre millonarios y pobres

El 82% de la riqueza creada en el mundo el año pasado fue para el 1% más rico de la población.

Cada año, por esta época, lo más selecto de la élite política y económica mundial reunida en el Foro Económico de Davos recibe un documento de menos de 100 páginas que provoca un estruendo en la apacible ciudad alpina.

Se trata del informe de Oxfam, confederación internacional de 20 organizaciones que trabaja en 90 países, y cuyo propósito es “hacer campaña por un futuro más justo”. En Colombia trabaja desde hace más de 30 años con víctimas del conflicto, mujeres indígenas, campesinas y afrodescendientes tanto en áreas rurales como en barrios populares.

Precisamente, Oxfam publica su informe sobre desigualdad en el marco de la cumbre en Suiza “para garantizar que las personas más poderosas del mundo escuchen nuestro mensaje: que deben actuar para acabar con la desigualdad extrema”, dice desde República Dominicana Rosa Cañete, responsable del programa de lucha contra la desigualdad y la captura del Estado en América Latina y el Caribe. “Las personas que participan en Davos son parte del problema y deben ser parte de la solución”, argumenta ella.

En esta ocasión, el informe se tituló ‘Premiar el trabajo, no la riqueza’. ¿Por qué? La principal conclusión “muestra cómo la economía mundial posibilita que los más ricos sigan acumulando vastas fortunas, mientras que cientos de millones de personas luchan cada día para sobrevivir con salarios de pobreza”, se lee en este.

Los resultados son abrumadores. Revela, por ejemplo, que el 82 por ciento de la riqueza mundial generada durante 2017 fue a los bolsillos del 1 por ciento más rico de la población, mientras el 50 por ciento más pobre –3.700 millones de personas– no recibió nada de dicho crecimiento. Por eso, Oxfam hizo “un llamamiento a los gobiernos para que garanticen que nuestras economías funcionen para todas las personas y no solo para una afortunada minoría”.

Se ven nubarrones en el horizonte. “Si este enorme desequilibrio no cambia, nos arriesgamos a grandes tensiones sociales que generan gran desestabilización política”, dice el economista Camilo Díaz, miembro de la red de Justicia Tributaria. “Y, también, tristemente a que se pierdan generaciones enteras porque sus ingresos no les dan para acceder a servicios elementales como agua potable, salud y educación”.

Cada ítem es impactante. Así como casi la mitad de la humanidad se quedó en ceros, el año pasado se produjo el mayor aumento de la historia en el número de personas cuyas fortunas superan los mil millones de dólares, con “un nuevo milmillonario cada dos días”. En tan solo 12 meses, la riqueza de esta élite aumentó en 762.000 millones de dólares. Con este incremento podría haberse terminado con la pobreza extrema en el mundo hasta siete veces.

¿Se podrá revertir este panorama? César Rodríguez Garavito, director del centro de pensamiento De Justicia, pone la lupa en los líderes políticos actuales, en particular los de las economías más fuertes. De entrada, dice que no les ve intenciones de cambio. Al contrario, “decisiones recientes como las del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de dar beneficios fiscales aún mayores a las personas más ricas van en la dirección de aumentar los niveles de desigualdad que acaba de mostrar Oxfam”.

Pero si en el mundo llueve, en el país no escampa. “La desigualdad en Colombia es superior a la de la mayoría de los países en la región. Según los últimos datos publicadas por la Cepal, es el segundo país más desigual en la distribución del ingreso en la región. El 1 por ciento más rico de la población concentra el 20 por ciento del ingreso”.

Un encuentro en Suiza

En esta ocasión, se dio la circunstancia de que Winnie Byanyima, directora ejecutiva de Oxfam, presentó el informe en el foro en el que participó el presidente Juan Manuel Santos. “Esperamos conversar también con los candidatos en esta campaña”, dice Cañete. La intención es entregárselo a quien gane las elecciones.

En esta parte del continente, la escena también es desoladora. El 1 por ciento más rico de América Latina y el Caribe concentra el 37 por ciento de la riqueza, mientras el 50 por ciento más pobre solo accede al 3,5 por ciento de la riqueza total de la región. Hay más. De la riqueza que se generó aquí en 2017, el 95 por ciento se la embolsó el 10 por ciento más rico de la población. Mientras, los 300 millones de personas más pobres perdieron 22.000 millones de activos durante el mismo periodo de tiempo.

Entre los vecinos, Colombia ocupa el primer lugar en el porcentaje de tierra concentrada en el 1 por ciento de las fincas. “Esto perpetúa la pobreza y la exclusión de los habitantes del campo”, sostiene el escrito.

Ante este panorama, Jorge Iván González, Ph. D. en Economía de la Universidad de Lovaina, se muestra escéptico sobre los tiempos por venir. “Como vamos, la situación va a empeorar”, pronostica. Para él, con cada informe anual de Oxfam queda claro que el mundo es más injusto. “Como dice Thomas Piketty, vivimos tiempos en que los ingresos de quienes tienen capital y activos crecen exponencialmente”, agrega.

¿Es posible buscar la raíz del problema? Al examinar en qué sectores están los más ricos, se ve que un tercio de la riqueza global de los multimillonarios que recoge ‘Forbes’ es “heredada” y otro tercio se produce en sectores o monopolios como las telecomunicaciones y la minería o en sectores que dependen fuertemente de contratos públicos, como la construcción o las farmacéuticas. “Es evidente que la familia donde se nazca y las relaciones primarias y clientelares entre élites políticas y empresariales son determinantes en la acumulación de riqueza. Muy al contrario de lo que nos enseñaron, el trabajo duro y el esfuerzo no están siendo premiados por el sistema”, sentencia el informe.

En sus 90 páginas se lee también que “esta extrema concentración de la riqueza es posible gracias a un sistema que no está premiando el trabajo o el esfuerzo, un sistema que no está funcionando para la mayoría sino solo para unos pocos”.

Entre lo malo, si se busca, siempre se hallará algo peor. Es la lamentable situación de las mujeres. En los países distantes, o a la vuelta de la esquina. Las mujeres campesinas que viven en Colombia, para citar un caso, según el informe, en promedio obtienen apenas dos dólares diarios de ganancias; y eso cuando les va bien.

Este abismo de los ingresos menores para las mujeres en comparación con los de los hombres, en el mismo oficio, no solo se da monte adentro, sino en todas las bulliciosas urbes de planeta. Aunque distintos gobiernos han hecho esfuerzos por buscar un equilibrio, los resultados hasta ahora “son insuficientes”. De hecho, al actual ritmo de cambios, llevará 217 años cerrar la brecha salarial y de oportunidades laborales entre hombres y mujeres a nivel global. ¡Esto es para dentro de dos siglos!

Para José Guillermo García, quien entre 2012 y 2016 fue decano de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional, se llegó hasta aquí porque la teoría que más influye en el desarrollo institucional “promueve el mercado un poco a ultranza”. Pero, argumenta García, esa teoría falla en la comprensión de los efectos del mercado sobre la distribución de la riqueza en las sociedades modernas.

“El mercado, como lo sugirió Prebisch hace varias décadas, es bueno para impulsar el crecimiento, pero esto no sirve para disminuir la desigualdad. Esto es aún más cierto con las instituciones actuales que favorecen y facilitan los mecanismos que inducen a una mayor concentración de la propiedad de los activos y la riqueza”.

Pero, entonces, ¿qué hay que hacer? García dice que “al igual que la violencia se domestica, también el mercado debería ser domesticado al servicio del conjunto de la sociedad”. ¿Y si no? “De no ser así, es probable que el mercado acabe con el ambiente, con la misma sociedad y con el propio mercado”, concluye.

Tomado de: El Tiempo

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