Independencia en ceros

Independencia en ceros

Hace una semana para nadie era un problema los tres ceros en nuestros billetes, pero para ocultar su inoperancia y conflicto de intereses en el caso Odebrecht, el fiscal general Néstor Humberto Martinez salió con tan costosa cortina de humo.

Es sospechoso que, siendo legal y necesaria la independencia del fiscal general de la Nación respecto al Poder Ejecutivo del Estado, de manera simultánea saliera el ministro de Hacienda a decir que ya tenía listo el proyecto de ley parta tramitarlo en el Congreso generándole un gasto de por lo menos $400.000 millones a la nación, sin contar los costos en cambios y software y sistemas de contabilidad para las empresas y las millonadas que derrochará el Gobierno en campañas publicitarias de pedagogía por los tres años que duraría la transición al “nuevo peso”, tiempo suficiente para la operación de lavado de las caletas mencionadas por el fiscal.

Es sospechoso que, debiendo autonomía e independencia con el Gobierno, demarcada por la propia Constitución Política de nuestra nación, el gerente general del Banco de la República saliera a coadyuvar tan inoportuna iniciativa, omitiendo que la eliminación de los tres ceros del billete generará un choque de inflación por cuenta del redondeo de precios al alza, contradiciendo su mandato constitucional de controlar el poder adquisitivo de los colombianos.

Pero tan sospechoso concierto entre funcionarios de diferentes partidos políticos para impulsar una medida con indudables traumatismos sobre la economía y gran costo para unas finanzas públicas en déficit se empieza a explicar por la necesidad de desviar la atención de problemas más graves como el creciente desempleo, la bomba pensional, la inseguridad urbana y una creciente crisis del sistema público de salud que es saqueado permanentemente, como se advirtió con el caso de Medimás EPS, que ya lleva un mes sin pagarle a su propia red de hospitales, a pesar de recibir cerca de $300.000 millones mensuales y sin que la Superintendencia de Salud o el “tibio” ministro de Salud digan o hagan algo.

Esta inaceptable manguala de funcionarios públicos, que deberían guardar distancia e independencia entre sí por mandato legal, solo prueba que al momento de hacer negocios con los dineros públicos los partidos políticos que han gobernado a Colombia durante los últimos 50 años simulan pelear en público pero cuadran su tajada en el poder.

Tomado de: El Espectador

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