¿El petróleo tiene futuro?

¿El petróleo tiene futuro?

Cuatro orientaciones -mínimo- deberá considerar el próximo gobierno en la defensa de Ecopetrol para el futuro del país.

Se cumplieron 100 años de historia de la explotación petrolera colombiana. En 1905 Rafael Reyes entregó a su ahijado Roberto de Mares las primeras concesiones, los manantiales de Barrancabermeja. Las del Catatumbo las entregó al general Virgilio Barco, el abuelo del expresidente Virgilio Barco Vargas y bisabuelo de Carolina Barco, canciller durante el gobierno de Álvaro Uribe.

De Mares vendió en 1916 su concesión a la Tropical Oil, de Rockefeller y Barco lo hizo en 1918 a la ficticia Compañía Colombiana de Petróleos. Los verdaderos dueños de esta última eran también estadounidenses, que en carta enviada a sus testaferros colombianos confesaron: “nos parece justo que sean debidamente recompensados en lo que se puede materialmente, pues, en lo moral no se puede”[1]. Con esta frase que prueba el saqueo, podría describirse el inicio, desarrollo y el que pareciera ser el final de la industria petrolera colombiana.

Tan solo durante 2010 y 2017 la renta petrolera transfirió recursos al Gobierno Nacional por $84,9 billones, que despiertan la inquietud: ¿qué hicieron con la plata? Además de financiar la corrupción, pareciera que no mucho más. En competitividad global, durante este periodo, pasamos del puesto 68 al 66.

Ecopetrol ha sido sometida, gobierno tras gobierno, a un estrés financiero que ha menguado su capacidad de invertir y la ha dejado con una deuda superior a US$15.000 millones. Las maniobras administrativas son censurables: ha creado 28 subsidiarias, 18 en el exterior, 10 de ellas pertenecen al segmento financiero y 9 ubicadas en destacados paraísos fiscales. Incluso crearon un banco en Suiza, Ecopetrol Capital AG, vehículo utilizado para prestar US$2.240 millones, contribuyendo al descalabro de Reficar.

Como resultado de estos y otros factores, las reservas petroleras del país alcanzan a lo sumo para 6 años más. Algunas propuestas presidenciales apuntan a decretar el fin de Ecopetrol y a la creación inmediata de una nueva matriz energética sacada del sombrero. La decisión más responsable -por el contrario- es la de recuperar el manejo soberano, al servicio de los intereses nacionales, de la empresa más grande del país.

No obstante, el futuro va más allá de la centenaria extracción. Lo que tiene porvenir es la producción, transporte y comercialización de refinados y petroquímica. El 25% del petróleo que se procesa en el mundo está dirigido a la industria de la petroquímica y el 75% restante a los combustibles. Japón, sin poseer una gota de petróleo, refina 3 millones de barriles al día, 10 veces más que Colombia. Nuestro país tiene además a Propilco, la cual debe protegerse y fortalecerse como patrimonio público.

Una de las promesas incumplidas del actual gobierno, que el próximo presidente deberá liderar, es la modernización de la refinería de Barrancabermeja, que permitiría ahorrar aproximadamente US$4.000 millones al año de importación de combustibles. Ligado a esta propuesta, está también la necesaria defensa de la producción de biocombustibles, hoy en vías de extinción por las importaciones masivas desde Estados Unidos.

Cuatro orientaciones -mínimo- deberá considerar el próximo gobierno en la defensa de Ecopetrol para el futuro del país: 1) mantener su naturaleza pública; 2) recuperar la integralidad empresarial, lesionada desde 2003; 3) mayor inversión en actividades de industrialización y creación de valor petrolero y 4) reformar la política minero-energética en conjunto, promoviendo la diversificación productiva, renegociando la renta petrolera y el ritmo de explotación, eliminando beneficios tributarios y declarando en moratoria al fracking. Solo de esta forma tendremos la posibilidad de celebrar otros 100 años de una industria que, bajo una orientación económica distinta, tenga la oportunidad de estimular el desarrollo colombiano.

 

[1] Revista América Futura. Nueva York. Manuel José Casanova, 1935. Tomado de: Petróleo colombiano, ganancia gringa. Jorge Villegas. Ediciones El Tigre de Papel, Medellín. P. 24.

Tomado de: Dinero

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