(El Espectador) Por fin: un comercial de toallas higiénicas en Colombia cambia el líquido azul por uno rojo

(El Espectador) Por fin: un comercial de toallas higiénicas en Colombia cambia el líquido azul por uno rojo

La marca líder en el mercado tomó la decisión para “romper tabúes”. Expertas opinan que era una deuda de la publicidad con respecto a un proceso natural, pero aún estigmatizado, por el que pasa la mitad de la población mundial.

A menos que sea un pulpo, usted y yo tenemos la sangre roja. Toda la sangre en el cuerpo, hasta del aristócrata más distinguido, lo es. A pesar de eso, nos acostumbramos a ver en las demostraciones de los comerciales de toallas higiénicas impolutos líquidos color piscina, que ponen a prueba la última tecnología en compresas para usuarias que siempre se muestran contentas con los resultados.

Para muchos, puede ser una banalidad. Sin embargo, disimular el color o usar eufemismos para hablar de la menstruación sólo ha logrado reforzar el tabú histórico alrededor de este proceso natural que pasa, ha pasado o pasará en la mitad de la población mundial. Y no es un tabú inofensivo. El misterio ha hecho que muchas jóvenes alrededor del mundo ni siquiera sepan de qué se trata cuando se enfrentan a su primer periodo ni, por supuesto, qué implicaciones tiene.

Un documentopublicado por la Unicef reconoce que “en general la menstruación es considerada como un tabú, no se debe hablar de ella y las niñas y adolescentes son aisladas y alejadas de actividades”. Una encuesta hecha a niñas del Pacífico colombiano, en el marco de ese mismo informe, dio cuenta de que muchas de ellas faltan al colegio no sólo por los dolores asociados al periodo, sino por miedo e incomodidad, y, si asisten, su concentración y participación en clase disminuyen. Casi el 40 % de ellas prefiere no pasar al tablero, por ejemplo.

Ahora, “romper tabúes” y ser “más honestos y cercanos” con las consumidoras es el objetivo que Productos Familia dice perseguir al lanzar en Colombia una publicidad de toallas higiénicas en la que se usa líquido rojo, en vez del azul que han utilizado siempre. Esa empresa es dueña de la marca líder en el país de productos de higiene femenina, Nosotras. Este es el comercial:

“Para nosotros es muy importante que nuestras consumidoras, que son quienes nos conocen mejor, sean las que vean la realidad del tema del líquido rojo y no sientan pena por ello. Desde la marca, queremos romper los tabúes (…)”, dijo Carolina Restrepo, directora de desarrollo de Nosotras.

Junto con la publicidad, lanzaron el hashtag #ElRojoNoMeSonroja, “con el que se espera ayudar a crear espacios de discusión que aporten a la construcción de nuevas posturas que no solo involucren a las mujeres”, dijo la empresa.

Pero, pese a que la marca asegura que la campaña responde a los “cambios que ha visto en sus consumidoras recientemente”, Natalia Moreno, economista, máster en Estudios de Género y una de las impulsoras de la campaña que promovió que el Congreso de la República bajara el IVA a toallas y tampones, opina que esta era una “lucha de décadas”. A pesar de la tardanza, cree que es algo “positivo”.

Susan Herrera, socióloga de la Universidad Nacional, afirma que “ya era hora”, porque romper el tabú alrededor del color de la menstruación “era una deuda” en la publicidad. “Poner líquidos azules da la idea de que es algo sucio, que debe dar pena y que debemos esconder”, añadió. Efectivamente, el informe de Unicef mostró que existen creencias como que si una mujer cocina mientras tiene la regla contamina los alimentos. También es probable que usted haya escuchado cosas como que si una peluquera le corta el pelo mientras menstrúa entonces éste no crece o crece feo.

Moreno considera, además, que la campaña con el líquido rojo –que tiene precedentes internacionales– es una respuesta desde el mercadeo a la competencia que están representando métodos de higiene alternativos como la copa menstrual, que se promociona como más económica y amigable con el medio ambiente.

Una sola copa de silicona, que se puede conseguir por cerca de $100.000, dura alrededor de ocho años, lo que contrasta con los casi $160.000 anuales que una colombiana puede necesitar en toallas higiénicas, según cálculos del grupo Género y Justicia Económica de Justicia Tributaria. Al no ser reutilizables, se estima, además, que una sola mujer puede desechar en su vida 125 kilos de estos productos.

Para Herrera, quien además es distribuidora de copas menstruales en Colombia, el cambio en las imágenes y en el discurso, “no quita todo lo que está en discusión sobre los productos de higiene que comúnmente se venden para la menstruación. Hay que seguir cuestionando los componentes con los que están hechos y sus costos”, agregó, refiriéndose a los componentes químicos de estos productos, en general, sin hablar de una marca en particular, materiales que muchas veces ni siquiera están explícitos en las envolturas.

Tomado de: El Espectador

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