(El Espectador) La igualdad salarial entre géneros tardará más de 71 años

(El Espectador) La igualdad salarial entre géneros tardará más de 71 años

Isabel Londoño, directora de la Fundación Mujeres por Colombia, asegura que en el país esta batalla la estamos perdiendo porque no tiene doliente.

Isabel Londoño, 59 años, ha dedicado la mayor parte de su vida a luchar contra las injusticias y a defender los derechos de las mujeres. Lo hace por pasión, porque su sensibilidad no le permite aceptar que algo está mal y que las personas no actúen. No le importa trasnochar, madrugar y mucho menos que la llamen buscapleitos por algo que desde su interior la mueve. Es directora de la Fundación Mujeres por Colombia, activista social y promotora, co-diseñadora y directora ejecutiva de Colfuturo. Sonríe poco, habla mucho, fuerte y claro, y la tranquilidad le alcanza hasta que le mencionan la causa que defiende con vehemencia: la equidad de género.

Ser la única mujer en espacios como el trabajo y la política la hacían sentir algo inquieta e incómoda. Una situación que la impulsó hace 21 años a empezar a reunirse con amigas para tratar temas de equidad y educación. Cuatro años después, cuando ya eran cerca de 500 las asistentes a esos desayunos, resolvió crear una fundación independiente cuyo objetivo es facilitar la participación de las mujeres profesionales en la economía y la política colombiana. Actualmente son 16.000 las afiliadas que han logrado movilizar por lo menos 150.000 mujeres en Bogotá, en actividades de creación de redes, comprensión del mercado laboral, conectarse con líderes y conocer nuevas oportunidades.

Dice que entre las batallas que enfrentan las mujeres en la actualidad se destacan dos: la lucha por la vida, por la cantidad de casos de asesinatos o maltrato, y la lucha por la visibilidad, por existir, por aparecer como expertas, como voceras y como líderes. Pero no descarta que el país tiene un saldo pendiente con temas como el de la igualdad de salarios entre géneros, una pelea que asegura se está perdiendo porque no tiene doliente. “Este es un país de mujeres educadas, sumisas, agachadas y aguantadoras a quienes la lucha por un salario mejor no les preocupa. Algunas congresistas o líderes sociales estamos dando la pelea pero no lo están haciendo las presidentas de empresas o sindicatos, y así es muy difícil”.

Habla del tema con la propiedad que le brinda la experiencia personal. “Toda mi vida me he enfrentado a la inequidad en la remuneración, pero toda mi vida he peleado contra eso. En el primer empleo me ofrecieron un salario ridículo y cuando pedí un aumento me dijeron que no me lo daban porque finalmente yo estaba aprendiendo, pero resulta que yo ya he pagado por aprender y ahora quiero ganar por lo aprendido. También me ha pasado que me cuestionan qué voy a hacer con tanta plata o por qué soy tan ambiciosa y eso es algo que no les preguntan a los hombres”, dice con la determinación que la caracteriza.

Mientras la Organización Internacional del Trabajo pronostica que la igualdad salarial entre géneros solo se alcanzará hasta dentro de 71 años, Londoño afirma que en Colombia está mucho más lejos. “Yo creo que al paso que vamos se va a demorar más porque acá las mujeres no son parte de la conversación. Esto parece ser la alianza para la protección de los animales, que los protegemos pero ellos no piden que lo hagamos”. Reconoce que es una afirmación fuerte, pero argumenta que en un país de personas sumisas cualquiera que levanta la voz ya empieza a fastidiar y a causar molestias.

Al preguntarle por la solución, responde que hay un problema de raíz que no se puede tapar con paños de agua tibia. “Las mujeres tienen una autoestima muy baja, cuando yo les digo que negocien ellas se asustan y uno tiene que tener correa para hablar. Hay que enseñarles técnicas de negociación porque esa carencia genera un efecto gravísimo en la vida laboral. Lo irónico es que ellas son estratégicas para abaratar costos en las empresas pero no para defender su trabajo, no entienden que también están defendiendo la economía de sus familias. Los niveles de inseguridad son enormes”.

Un panorama desalentador que desmotiva a cualquiera, menos a Isabel. Ella asegura que es absolutamente feliz con lo que hace, pues además de activista social y directora de la fundación es entrenadora de personas que están buscando empleo o una especialización en el exterior. Cuenta que es tanto lo que la motiva su trabajo que en dos meses cumple 60 años y su sueño es laboral hasta los 85, porque no se siente cansada. Prefiere no comparar esta nube negra con la región, pues “al hacerlo muchos políticos se atreven a decir que no estamos tan mal y que no es necesario actuar de manera urgente”.

Su mensaje es claro y contundente, como cada palabra que usa para argumentar. “Yo quiero que las mujeres se despierten, prefiero hacer eso a que la gente me quiera. Las personas que generan conciencia en cosas que duelen siempre van a causar reacciones negativas porque la gente quiere mantenerse ignorante y en su zona de confort. Hay una cierta anestesia pero es por el mismo dolor que ya no pueden sentir más”.

 

“Tomado de El Espectador, Colombia”

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