Sábado, noviembre 18, 2017

El Valle tiene los ingredientes, pero le faltan cocineros

El Valle tiene los ingredientes, pero le faltan cocineros

La región requiere una diversificación productiva aumentando la complejidad y sofisticación de lo que produce, y personas adecuadas en la dirección del Estado.

La agroindustria de la caña de azúcar es sin dudas la de más prosperidad económica que se ha realizado en el valle geográfico del río Cauca. Durante el periodo de crecimiento del país en las décadas de 1960 a 1980, este sector se consolidó como un importante clúster que cuadruplicó su producción azucarera y llevó de 60 000 a 130 000 hectáreas la siembra de caña[1]. Después llegó la irresponsable apertura económica de 1990, que arruinó a buena parte de la agricultura de la región: cultivos transitorios como algodón, maíz, sorgo y soya pasaron de 140 000 a 45 000 hectáreas entre la década de 1980 y 2000[2], hasta prácticamente su desaparición.

Lo que sobrevivió en el Valle del Cauca fue la caña. De este conglomerado hoy existen 14 ingenios, 12 cogeneradores de energía, 6 destilerías, una fábrica de papel, 40 industrias alimenticias, 3 de gaseosas, 8 de vinos y licores, 2750 proveedores agrícolas en 238.000 hectáreas sembradas en caña con la productividad más alta del planeta y 265.000 empleos. No está exenta de conflictos sociales y laborales, pero ¿hay alguien sensato que considere acabarlo, además con la irresponsabilidad de no plantear una alternativa seria y viable?

Los últimos gobiernos nacionales se han dedicado sistemáticamente a lesionar los intereses de los cultivadores, industriales, trabajadores y la población vinculada a esta actividad. Tanto los mandatos de Uribe como los de Santos han establecido medidas para permitir importaciones masivas de azúcar y etanol, con falsos argumentos de defensa a los consumidores. Así ha actuado también el superintendente del sector, al servicio de Germán Vargas Lleras.

Las consecuencias del actual modelo económico para el Valle del Cauca son preocupantes. Hay una alta concentración productiva que ha llevado a que el sector más destacado sea el financiero, con 30 % de participación en el total de la economía regional. Antes de la apertura la industria del Valle era el 30 % de su economía y hoy a duras penas llega al 15 %. Desde 1990 hasta 2016 el déficit comercial del departamento suma USD 28 288 millones de riqueza que se fugó.

La tasa de desempleo es casi dos puntos porcentuales más alta hoy que antes de la apertura, entre otras cosas como consecuencia de la pérdida de miles de empleos de alta remuneración y capacitación, de empresas que -bien por movidas corporativas o por el costo país- cerraron sus operaciones en la región, como Quaker, Michelin, Adams, Bayer, Eveready, Quintex, Croydon, Gillete, BDF, Wyeth, Monarc, La Garantía, etc. Estos empleos perdidos no se reemplazaron por otros de igual calidad, sino por el rebusque y la reventa.

El Valle del Cauca requiere de una diversificación productiva aumentando la complejidad y sofisticación de lo que produce, con alta inversión en ciencia y tecnología. No parte de cero, porque ya hay una base que se debe cuidar en el corredor industrial del Norte del Cauca, Cali, Yumbo y Palmira, el clúster de la proteína blanca, la salud y la belleza, entre otros.

Pero crear más y mejor riqueza para la región implica modificar el marco institucional, para que el Estado cumpla su verdadera función de dirigir la economía, protegiendo y estimulando sectores, como lo hacen los países de la OCDE, club en donde el principal papel de Colombia es quedar en ridículo.

Es importante que empresarios y trabajadores del Valle sean conscientes de que es imposible desarrollar la economía y resolver los profundos problemas sociales de esa región mientras no se propicie que a la dirección del Estado lleguen personas dispuestas a trabajar responsable y honestamente por la creación de riqueza y la búsqueda de equidad. El Valle tiene los ingredientes, pero necesita los cocineros.

Mario Alejandro Valencia, vocero de la Red por la Justicia Tributaria, Director nacional de Cedetrabajo. Profesor CESA y U. Central. Autor libro La Industria (Aurora, 2016).

 

El Valle tiene los ingredientes, pero le faltan cocineros

 

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