Sábado, noviembre 18, 2017

Soberanía energética colombiana en la refinación petrolera

Soberanía energética colombiana en la refinación petrolera

Colombia no puede seguir entregando su soberanía energética: la inversión para modernizar Barrancabermeja es sustancialmente menor a la tormenta perfecta de quedarse sin reservas petroleras y sin capacidad de refinación.

La refinación de petróleo se ha convertido en una actividad de primera importancia tanto para la economía mundial como para las necesidades humanas actuales. El 25 % del petróleo que se procesa sirven para producir plásticos, materiales sintéticos, productos químicos, ceras, aceites, asfaltos, ropa, fertilizantes, productos de aseo, llantas y piezas médicas; el restante 75 % para todo tipo de combustibles.

Se sabe que la capacidad de refinación no necesariamente está ligada a las reservas petroleras de cada país, pues Francia, Alemania, Italia y España, que no tienen petróleo, producen el 7 % de los refinados del planeta. Japón, por ejemplo, -sin petróleo- refina 3 millones de barriles de petróleo al día, 10 veces más que Colombia, que tan solo representa el 0,30 % de la refinación mundial.

En Colombia de los 850 000 barriles de producción de crudo diarios, se refinan 243 000 barriles al día. Podrían ser más, pero las decisiones políticas del Estado privilegian la compra extranjera de productos procesados, mientras el 70 % del petróleo se exporta crudo, sin ningún valor agregado. Entre 2012 y 2016 el país importó $ 63 billones en combustibles, que podrían haberse producido nacionalmente, evitando la fuga de esa riqueza.

Una de las posibilidades de producción recae en la refinería de Barrancabermeja. Su modernización se ha prometido desde finales de la década de 1990. En octubre de 2012, un decreto del gobierno de Juan Manuel Santos declaró de interés nacional el proyecto y en mayo de 2014 el candidato-presidente prometió que sería “una realidad para los colombianos”. Pero esta será una más de las promesas incumplidas por este gobierno.

Modernizar esta refinería es una necesidad nacional. Colombia no puede seguir dándose el lujo de entregar su soberanía energética, como ya ocurrió con Isagén. La inversión que requiere es significativamente menor a enfrentarse a la tormenta perfecta de quedarse sin reservas petroleras y además sin capacidad industrial para refinar petróleo.

Modernizar la refinería generaría 65 000 empleos,
las exportaciones aumentarían 9 %, las importaciones caerían 1,5 %
y explicarían el aumento de 1,7 puntos porcentuales en el crecimiento del PIB

El proyecto además es una excelente posibilidad para estimular a la economía, en momentos en que el modelo ha generado una ostensible desaceleración, agravada con un gasto público ineficiente. Pues bien, modernizar la refinería generaría 65 000 empleos, las exportaciones aumentarían 9 %, las importaciones caerían 1,5 % y explicarían el aumento de 1,7 puntos porcentuales en el crecimiento del PIB, según los propios cálculos realizados por Fedesarrollo. Los beneficios superan con creces los costos del proyecto.

Si la modernización dependiera de la demostración económica de sus ventajas, ya estaría en ejecución. Pero la decisión política es seguir con el modelo de importar todo, con el agravante de que las materias primas y los recursos naturales para pagar estas compras se agotan en la medida en que la producción nacional se deteriora. Está en manos de la ciudadanía decidir si será otro tipo de gobierno quien corregirá esta situación o seguiremos confiando en los mismos que fracasaron, para que sigan al mando.

Mario Alejandro Valencia, vocero de la Red por la Justicia Tributaria, Director nacional de Cedetrabajo. Profesor CESA y U. Central. Autor libro La Industria (Aurora, 2016).

Soberanía energética colombiana en la refinación petrolera

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