Políticas fiscal, monetaria y cambiaria para la austeridad y la recesión

Políticas fiscal, monetaria y cambiaria para la austeridad y la recesión

Por: Diego Otero Prada

Las políticas del gobierno y de la Junta del Banco de la República siguen las recetas neoliberales que no ceden en Colombia, que han sido un fracaso en el mundo y que en Colombia tampoco han sido tan exitosas.

Las políticas que se están aplicando siguen los siguientes lineamientos:

Tasas de interés  altas

Devaluación exagerada

Austeridad fiscal

Para las autoridades el único problema que existe grave en Colombia parece ser la inflación porque las medidas que se vienen tomando tienen como propósito controlarla, olvidándose de los temas de crecimiento, distribución del ingreso  y empleo.

La Junta del Banco de la República acaba de aumentar la tasa de interés interbancaria a 7,25% en comparación con 5,5% del 17 de noviembre de 2015, en una política de incrementos e la tasa de interés que viene ejecutando  desde mediados de 2013. El propósito es el de controlar la inflación dentro de su política de inflación objetivo, pero hay factores que están por fuera de las autoridades como el clima por el Niño, el paro camionero  y las decisiones de las Comisiones de Regulación. Papel importante tiene que ver la devaluación del peso colombiano, donde sí puede intervenir el Banco de la República pero para esto tendría que modificar su fe exagerada en las fuerzas del mercado.

Otra política es la que tiene que ver con los gastos del gobierno. Se ha adoptado la cirugía de la austeridad, igualmente para combatir la inflación y por seguir la receta neoliberal de que el déficit debe ser lo más reducido posible de acuerdo con la regla fiscal aprobada en Colombia, no importa que esto tenga consecuencias negativas sobre el crecimiento, pero el fundamentalismo neoliberal  obliga a seguir al pie de la letra esta medicina.

Así, para 2017 se plantea un presupuesto con poco crecimiento y especialmente con menor inversión pública. Esta fue de  9,1% del PIB en 2015 y se prevé de 8,2% en 2016 y menos en 2017. La propuesta es un presupuesto del gobierno central de 224,4 billones de pesos en comparación con uno programado de 215,9 billones en 2016, para un crecimiento de 3,94%, con gastos de inversión de 32,9 billones de pesos frente a 28,9 billones en 2016. Si la comparación se hace con 2015, el crecimiento anual es de solamente 1,87%, muy por debajo de la inflación. La teoría es la de que hay que cumplir con la regla fiscal y con los dictámenes del Fondo Monetario Internacional y las calificadoras de riesgo.

En cuanto a la situación fiscal, como consecuencia de la caída en los ingresos petroleros y mineros, el déficit fiscal de Gobierno Nacional Central-GNC fue de 3,0% del PIB en 2015 y se estima aumentará a 3,9% en 2016. Sin embargo, para el Sector Público Consolidado-SPC y el Sector Público no Financiero-SPNF los déficits bajarán de 3,4% a 2,3% y 2,6% respectivamente (Ver tabla).

Tabla 1 Indicadores de déficit fiscal o superávit en 2015 y 2016 (%)

Sector 2015 2016
Gobierno Nacional Central GNC -3,0 -3,9
Sector Público Consolidado SPC -3,4 -2,3
Sector Público No Financiero SPNF -3,4 -2,6

Fuente: Marco Fiscal de 2016. Ministerio de Hacienda y Crédito Público.

En cuanto a la tasa de cambio, desde finales de 2014 se viene depreciando. Terminó el año en un promedio de  2392,85 pesos el dólar contra 1926,89 pesos a finales de 2013, para una devaluación de 24,18%. A finales de diciembre de 2015 la tasa de cambio promedio fue de 3146,51 pesos, para una devaluación anual de 31,50% y acumulada de 55,68%, una de las más altas del mundo.  Para lo corrido de 2016, fuera de algunos saltos por encima de 3400 pesos, ha tendido a bajar a  alrededor de 3000 pesos, que aún es muy alta, con una devaluación sobre 2013 de más de 50,0%.

En la situación colombiana esta  alta devaluación favorece en teoría las exportaciones diferentes a productos energéticos y mineros, pero ante la desindustrialización y el abandono del sector agropecuario los efectos son lentos. Perjudica a los deudores en dólares como el gobierno y las empresas e impacta negativamente sobre el índice de precios.

Una distorsión de las políticas macroeconómicas de tiempo atrás es que estas son pro cíclicas: austeras en épocas de recesión y expansivas en épocas de expansión. Hay que romper ese nudo gordiano, y la forma de hacerlo ahora es la de olvidarse del déficit fiscal y de la restricción monetaria, tal como se hizo en los Estados Unidos.

Por supuesto, defender este cambio en la política macroeconómica suena  a una herejía irresponsable según nuestros ortodoxos neoliberales. Pero hay que plantearlo para abrir el debate.

La Junta del Banco de la República está concentrada en combatir la inflación  y ahora más que nunca cuando a finales de julio el índice ya va a por lo menos 8,0% anual, lo que la pone nerviosa y de ahí su incremento en las tasas de interés bajo la teoría ortodoxa que esto restringe el gasto y disminuye la inflación pero con el inconveniente que está destruyendo la producción. La pregunta es si esta política está siendo efectiva en controlar la inflación porque se viene aplicando desde 2013 y los resultados no han sido positivos ya que en 2015 la inflación aumentó a 6,77% después de alcanzar  3,66% en 2014.

Es evidente que las políticas del gobierno y el Banco de la República han fracasado, que el modelo seguido no es el correcto, que hay que cambiar de paradigma económico y atreverse  a desviarse de las recomendaciones de los organismos internacionales.  No creemos que esto vaya a ocurrir con los actuales dirigentes del sector económico gubernamental. Seguirán aumentando las tasas de interés y reduciéndose la  inversión pública y, por lo tanto, la economía crecerá a tasas bajas y el desempleo no se resolverá.

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