Sábado, octubre 21, 2017

Los cuatro años del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos

Los cuatro años del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos

Bogotá, 24 de mayo de 2016
Por Diego Otero Prada

Se cumplieron en mayo de 2016 cuatro años de la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos-TLC lo que da ocasión para hacer un examen de los resultados del mismo para Colombia.

Pero vale la pena consignar algunos comentarios sobre el tema del comercio internacional. Hay que distinguir entre comercio internacional y libre comercio. El primero es necesario, nadie lo discute, porque para comprar  bienes del exterior hay necesidad de exportar. Pero otro asunto  es el libre comercio que significa libertad absoluta de comercio entre los países que implica aranceles cero, eliminación de barreras no arancelarias y libre movimiento de capital pero no de trabajadores. La discusión está en lo que tiene que ver con el libre comercio entre países en desarrollo y países capitalistas desarrollados que para algunos lleva a efectos negativos que se reflejan en desindustrialización, incremento en la desigualdad de ingresos, devaluación y ningún efecto positivo sobre el empleo y el crecimiento.

Los supuestos del libre comercio parten de la idea que aunque hay perdedores los beneficiarios son  mayores, ya que estos pueden compensar a los primeros porque el capital y trabajo perdido pueden movilizarse hacia los sectores con  efectos positivos. Pero esto supone un mundo perfecto de movilidad de los factores, de perfecta maleabilidad, es decir, que el capital, las máquinas, pueden trasladarse sin problema  hacia otras ramas de producción, lo mismo que la mano de obra. Pero en el mundo real esto no es tan cierto porque las máquinas son específicas para poder ser utilizadas fácilmente en otros sectores y la mano de obra no necesariamente tiene las calificaciones necesarias además de que no puede moverse fuera de las fronteras. Igualmente, los países en desarrollo están en desventajas educativas, tecnológicas y de infraestructura con relación a los países capitalistas desarrollados. Hay, también, lo que se conoce como el dumping social y fiscal, de países con salarios demasiado bajos y con regímenes de impuestos muy favorables hacia el sector privado para atraer capitales y producir a costos bajos. Por ejemplo, ¿Quién puede competir con China y con otros países asiáticos? O con Estados Unidos y países europeos que conceden fuertes subsidios a su agricultura y que colocan una cantidad de barreras no arancelarias en la realidad, aunque en los tratados firmados supuestamente no es así.

Las experiencias históricas no son siempre favorables. Colombia es un ejemplo hasta ahora de lo que ocurre con el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. En trabajo realizado por Cedetrabajo (Quinto año del TLC con Estados Unidos: la Gran Estafa, mayo 2016) se muestra claramente que las cifras en lo que tiene que ver con el comercio exterior no han sido favorables para Colombia.

Dice el  informe: ‘En 2011 la balanza comercial de Colombia con Estados Unidos, es decir,  la diferencia entre exportaciones e importaciones, tenía un resultad positivo  de US4 8 946 millones. A partir  de la implementación del TLC en 2012, Colombia ha perdido US$ 14 347 millones en comercio con ese país, unos $29,6 billones.” Nada más claro  que estas cifras  para mostrar que hasta ahora el TLC ha sido un fracaso rotundo para Colombia.

La explicación de lo ocurrido no se debe solamente a la caída en el valor de las exportaciones de petróleo crudo, café, ferroníquel y carbón por la disminución de los precios internacionales, que efectivamente fue muy alta, de US$ 11 815 millones en el período de enero-diciembre de 2012 a 2014 a agosto de 2015, sino también por la reducción en  las exportaciones de  productos de la agricultura (US$ 489 millones), la manufactura (US$ 189 millones)y los servicios (US$ 2347 millones) que se esperaba deberían aumentar.

En los tres primeros años del TLC las importaciones de Estados Unidos han crecido en leche y productos lácteos, en carne, cacao, azúcares, autopartes, plásticos y manufacturas en general. Las exportaciones de Colombia estaban centradas en 2014,  por ejemplo,  81% en petróleo y productos minerales, 13% en frutas y verduras, 2% en metales, 1% en textiles, 1% en alimentos procesados y 2% en otros, o sea, una estructura tradicional, que no es propia de un  país desarrollado.

Pero, como dice el informe de Cedetrabajo lo peor está por llegar por el programa de desgravaciones arancelarias ya que a partir de enero de 2016 se inició la segunda etapa  de desgravación plena a cero para los productos agrícolas y no agrícolas.

Hay que analizar qué pasa con los doce tratados de libre comercio  firmados por Colombia, entre ellos con la Comunidad Europea, Japón, México y Chile, para ver si estanos en una situación similar a la que tenemos con Estados Unidos.

El profesor Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía, ha sido un crítico de los tratados de libre comercio en diversas intervenciones y escritos. Por ejemplo, en conferencia del Fondo Monetario Internacional-FMI celebrada en 2011, según el periódico el Mundo del 22 de septiembre de 2011 afirmó;

“Los tratados de libre comercio, tan esperados y promovidos por los gobiernos menos desarrollados, no son más que “factores de desigualdad entre los países en desarrollo, al promover la liberación de mercancías e impedir el libre tránsito de los trabajadores”

“Son muchos los vínculos entre la globalización y el aumento de la desigualdad. Uno de los más evidentes son los acuerdos comerciales”, en los que se privilegia la liberalización del flujo de mercancías y se impide el libre tránsito de trabajadores, añadió.

“Esos acuerdos –México tiene uno en esos términos con Estados Unidos y Canadá– aumentan la capacidad de negociación del capital sobre la mano de obra, reducen los salarios e incrementan la desigualdad”.

“Los acuerdos comerciales han sido injustos y mal redactados”, apuntó. Citó por ejemplo los subsidios al algodón a los agricultores estadunidenses, que sacan del mercado a los productores africanos, quienes no pueden competir con un precio subsidiado. (Algo parecido, aunque no lo mencionó, es el subsidio a los productores de maíz en Estados Unidos, con los que deben competir los agricultores mexicanos).

Otro ejemplo de la forma en que, sostuvo, los acuerdos de liberalización comercial contribuyen a la desigualdad es que existen asimetrías, de que se hayan liberalizado los mercados de capitales, pero no los mercados laborales.

“Eso quiere decir que el capital puede fluir libremente por todo el mundo mucho más que la mano de obra. Eso aumenta la capacidad de negociación del capital con relación a la mano de obra, reduce los salarios con relación a su nivel normal y aumenta la desigualdad. Asimismo, es una manera de obligar a los países a reducir sus impuestos sobre el capital e indirectamente eso creó desigualdad en el bienestar de las personas”, detalló.

Dados los efectos negativos planteados, es hora de estudiar el TLC con Estados Unidos para ver si  es necesario renegociarlo o denunciarlo.

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